Conocimos el desarrollo de la acumulación del capital en manos de quienes se aprovecharon del sacrificio de loa pueblos peleando para, supuestamente, terminar con los abusos del colonialismo.
Lo que vino después es una película del deterioro social, de la condiciones de vida de los mismos sectores que fueron utilizados por la naciente burguesía para lograr la mal llamada independencia, mientras los ungidos por el poder preparaban el camino para implantar la dictadura de la democracia representativa.
Película que se repite con particularidades propias en cada país de la región.
En este contexto la juventud abrazó la ideología de izquierda para enfrentar el poder de estos grupos enemigos de una verdadera democracia; la resistencia es histórica y los logros en derechos arrancados al poder costaron valiosas vidas.
La izquierda y los movimientos de liberación marcan la historia de los pueblos, marcan la posibilidad de sociedades avanzadas, a más dé un crecimiento económico, hacia un desarrollo humano, cultural, social que involucre la evolución del ser social hacia horizontes de paz y justicia asentadas sobre políticas públicas equitativas.
Sin embargo esta izquierda parece haber sido coartada por una ideología que lejos de las verdaderas tesis del socialismo mantienen regímenes de carácter populista, en los que el poder, como en el capitalismo, es abuso, corrupción, enriquecimiento ilícito, represión, y desconexión con el pueblo, siendo todo esto la constante.
Esas camarillas de Ortega, Canel, Maduro, y otros, no representan la izquierda, tampoco toda esa banda de intelectuales burgueses tipo Pablo Iglesias de Podemos, España, que junto a otros viajaron a Cuba a lavarle la cara a un régimen que ha sacrificado a su pueblo en nombre de ideales que no sienten ni tienen.



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