miércoles, 18 de febrero de 2026

La izquierda de la derecha

 Los tiempos de la guerra fría quedaron atrás; tiempo en que la geopolítica marcaba una división entre los llamados países de la cortina de hierro y el resto, aliados de los EEUU. La extinta URSS y EEUU se enfrentaban, como los hacen los imperios, fuera de sus límites geográficos. Estallaban conflictos llamados de "baja intensidad" en distintas partes del globo, que enfrentaban las posiciones polarizadas entre los intereses de EEUU y la URSS.

El socialismo de URSS después de un arranque con importantes conquistas y un paso veloz de una economía semifeudal a una economía dirigida desde el Estado que imprimió una dinámica en la que se procura incluir a todos los sectores sociales, y que da cierta línea de crecimiento, estos u otros factores positivos se tropezaron con disputas internas, corrupción, que a su vez derivaron en la ruptura interna acompañada de crisis inevitable, llegando a desembocar en la desmembración de la URSS y el posible retorno a la democracia liberal de mano de Gorbachov.
A partir de este giro en la historia de la geopolítica, se declaró en fin de la historia en palabras de Fukuyama, que significaba el fin de la bipolaridad y el triunfo indiscutible de la economía capitalista, y la democracia liberal como único camino para los pueblos, sociedades del mundo.
Según esta narrativa, el socialismo era derrotado y mostrado al mundo la inconveniencia del modelo como organizador de la economía y la política.
Para este tiempo China hace rato que había abandonado su modelo cerrado y había abierto al mundo sus mercados para entrar en la dinámica de la economía global que, como es lógico, responde al modelo acumulador del capital.
En medio de estos y otros factores la economía neoliberal se tomó todas las regiones del mundo incluidas aquellas que en algún momento de la historia hacían de contrapeso al poder de EEUU; dieron un giro de acomodo a las formas de la economía mundial, muchos manteniendo un discurso contrario, pero en los hechos repitiendo las relaciones del modelo.
Esto a nivel macro se repite a nivel más pequeño en la política de los Estados Nacionales de A. Latina, gobiernos abiertamente adherentes a las políticas del capital, siguiendo la huella, o más bien siendo fichas en el tablero, reeditando la debacle cultural, repitiendo el círculo de acumulación y despojo. Y por otro lado una “izquierda” que en nada se diferencia de la derecha; los límites se han perdido, terminan siendo partidos y movimientos que por igual compiten por un negocio, el Estado; un negocio para arribar y para sembrar la impunidad por sus actos.
Habría que nacer la real opción política desde la sociedad, desde los sectores que realmente piensan en la solución colectiva de los problemas más agobiantes de nuestros países.

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