El uso generalizado de las redes electrónicas transformó las sociedades de manera acelerada.
Se podría hacer una lista de variables, comportamientos, datos, regularidades...de los efectos producidos por este fenómeno de la comunicación. Porque, en último momento, sigue siendo la palabra, la cultura, lo que configura los universos sociales que desembocan en estructuras económicas que a su vez dan naturaleza al comportamiento humano. Esto, haciendo, arriesgadamente, un cambio al tema de estructura-superestructura; donde la estructura económica condiciona a la superestructura, donde está el amplio campo de la cultura.
En resumen sería una condicionante de doble sentido, esta forma de verlo nos da espacio para interpretar algunos rasgos del comportamiento social enfocado en el tema político y de participación.
Partiremos de un contexto regional en el que, otra vez, arriesgadamente, lo enfocamos desde las continuidades, o paralelismo, siempre tomando en cuenta las particularidades nacionales.
Estas similitudes están en algunas áreas de las nuestras realidades regionales.
En etapas históricas compartidas, movimientos independentistas compartidos, colonialidad compartida, neocolonialidad compartida.
En contexto actual la situación de los estados nacionales es la de un debilitamiento del llamado Estado-Nación a nivel regional, los Estados cuentan con medios insuficientes para hace cuadrar su cuentas, esto por muchos factores; uno de ellos la corrupción generalizada, otro, de peso también, la dependencia histórica a los intereses hegemónicos derivados de la guerra económica. Los Estados son incapaces de proponer, peor promover y mantener políticas sociales efectivas e independientes. Los gobiernos de la región tienen una única estrategia que es la ceder el control de los procesos económicos y culturales a las fuerzas del mercado.
La transformación del capitalismo, propiciador de esta revolución digital, va de la mano con nuevas formas de explotación laboral, más concentración de la riqueza, y un declive de las formas culturales amoldadas a un mercado descontrolado y permeado por dinero sucio.
En este contexto, la política es un artículo más del mercado. Ya las ideas no importan, o se usan para destruir al oponente en aras de abarcar un pedazo de poder. Las ideologías son elásticos del que tiran según la conveniencia del momento.
No hay derecha ni izquierda todo se reduce a grupos de gente “organizada” en partidos o movimientos que aplican una política corrupta de mano de la justicia. Gobierno y oposición hacen parte del mismo sector enemigo de la democracia anhelada por los pueblos de A. latina.
Lo que llaman progresismo es otra derecha camuflada en discursos y políticas sociales díscolas que mantienen la barbarie social. Gobierno y oposición son financiados por el crimen organizado.



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